15 de febrero de 2016

Online.

Dudás.
Un poco te dejás seducir por palabras del otro lado de la pantallita del celular. Un poco seguís dudando porque estas cosas no te gustan, pero qué carajos, pleno siglo XXI, aceptémoslo.
La gente ya ni siquiera se acerca en un bar, ya no te preguntan la hora y entablan una conversación en la parada del bondi: ahora todo es online.
Incluso el amor.

Adáptese o muera.

En un mundo globalizado donde todo el contacto es puro mensaje y red social, uno tiende a ilusionarse un poco con eso de encontrar lo que está buscando sin salir de casa. Perdiéndose, claro, en el objetivo final que era terminar de encontrarse a sí mismo, pero no voy a profundizar en eso.

Nunca he tenido lo que muchos llaman "cita" con alguien desconocido, pero sí me he encontrado con personas con las que llegué -y con las que no- a tener algún tipo de relación.
Sobretodo sexual.

El contacto vía web tiene esa ventaja de poder conocer un poco al otro (si tenés la suerte de encontrar a alguien sincero) y darle para adelante con eso de que la belleza no es -lo único- que importa.
Porque tampoco nos hagamos los boludos: Si nos encontramos con alguien poco o nada atractivo para nosotros, las chances de abrir las piernas o introducir el pito en esa cavidad, se reducen notablemente.

Las desventajas, claro, son demasiadas. Además de encontrarte con alguien que no te gusta, puede tranquilamente ser un loquito, un asesino o miles de otras opciones de película que uno descarta por tener esa sutil confianza de "Lo conozco, hablamos un montón."

No. No, tarada, no lo conocés. No sabés nada de sus orígenes, ni de sus traumas. No sabés cómo puede reaccionar, qué lo hace feliz y qué lo entristece.
Estoy completamente negada a la idea de que realmente conocemos al otro sólo por hablar en Whatsapp, Facebook, Twitter, Tinder o cualquier otra aplicación.

Para conocer a otro, hay que mirarlo a los ojos. Nada más cierto que la información que podés sacar metiéndote en lo más profundo del ser de una persona, que mirándolo directamente a esos huecos de colores llenos de vida.

Ay, qué poética y boluda me puse, sí. Pero es lo que creo.

No podés conocer a alguien hasta que no te da un abrazo. No podés creer que conocés a alguien a quien nunca viste en tu vida.
Reconozco y soy testigo de excepciones (muy suertudas por cierto) pero para mí sólo son eso: excepciones.

Y todo esto lo podría haber escrito años atrás, porque en realidad vivo en una de estas excepciones. Quizás no tan brusca, porque elegí conocer personalmente a la gente antes de dar un veredicto.

No, no encontré al amor de mi vida ni a mi futuro marido online, pero sí encontré al amor en distintas formas, todas ellas válidas para mantenerlas a mi lado y darles todo lo que puedo darles, porque al fin y al cabo, estamos estableciendo relaciones. Y uno no juega con las personas.
Al menos eso es lo ideal.

Una red social puede no darte lo que buscás, pero tarde o temprano te va a presentar gente que te va a ayudar a crecer, eso seguro. O secuestrarte y descuartizarte, si tenés muy mala fortuna.

De todos modos, lo más probable es que tengas que vivir experiencias bizarras, ilógicas y hasta mágicas, ¿Por qué no?
Todo depende de cuán abierto estés a aceptar lo que sea que tenga que venir, en la forma en que tenga que hacerlo. Y que puede no ser clásica ni la que esperás.
Y, si tenés un poco más de suerte, hasta encontrás con quién coger muy bien por un rato, o un amigo para toda la vida.

Quién sabe.

1 comentario:

Sofía dijo...

En esta, te digo, tuve suerte. Mucha.

Besito :)