28 de julio de 2012

Hoy.

Era viernes, pero no de esos viernes que me gustan.

Hoy me levanté tarde y odiosa por el ruido que hacían mis vecinos.
No dormí bien desde la mañana.
Era mi último día de vacaciones, el lunes vuelvo al trabajo.
Me martillé un dedo.
Fuí al mercado y la cajera era una bosta.
Charlé con el almacenero que me llena de preguntas y yo soy medio antisocial si recién te conozco.
Mandé a buscar unos trabajos. Me cobraron de más.
Quise destapar un vino y rompí el sacacorchos.
Quise intentarlo con un tornillo, y también lo rompí.
Decidí hundir el corcho, y cuando lo logré salpiqué toda la pared y me manché la ropa.
Estuve todo el día sin teléfono.
Terminé de comer y me agarró un ataque de tos que me daba arcadas.
Me senté al lado del inodoro pero el vómito se anticipó y me vomité el pantalón.
Era como la minita del exorcista, pero no era verde, era violeta, por el vino.
Se acaba de caer por decimoquinta vez en el día la porquería de Glade que se pega en la pared del baño para cuando cagás feo.
Quise ver a mi mamá, pero tenía mucho frío para salir.
Lloré dos o tres veces en el día, y no me está por venir.
Estuve híper sensible y cualquier broma me hacía poner mal.
Falleció la abuela de una de mis mejores amigas y yo no me llevo bien con los velorios.
Hoy volví a entrar en crisis existencial por el laburo.

Y te extrañé mucho, no sé porqué.

No hay comentarios: