26 de septiembre de 2014
Hombre uruguayo promedio.
El uruguayo habla despacio. Usa el "contigo" y te mira a los ojos cuando te habla. O te esquiva la mirada si le gustás. Bueno, como la mayoría de hombres tímidos.
El uruguayo hace todo con calma. No corre, no se apura. Aunque esté llegando tarde y parezca que anda a las corridas, y él diga estar acelerado, dudo que conozca la verdadera aceleración, como la del porteño.
Arma el porro con una parsimonia desesperante.
Te abre la puerta, cinco minutos después de que tocaste el timbre, aunque esté diluviando. Sin embargo, no te molesta.
Porque el uruguayo siempre cae bien, y más con esa manera ralentizada de andar.
Saborea cada paso de la vida, en lugar de llevársela por delante. Es como si cada uno que conocés o te cruzás, a cada momento, te estuviera dando una lección.
El uruguayo es culto. No tiene faltas de ortografía. Te desafía intelectualmente, y hasta te enseña.
En líneas generales, es bueno. Es racional, le cuesta demostrar afecto, pero cuando se siente cómodo, no duda en hacértelo saber. Como le salga. Que no siempre es la manera que esperás.
Es suave en sus modales, es educado.
El uruguayo suele ser lindo físicamente. Armónico.
Y conquista fácil a la argentina.
Porque seduce sin intentarlo, le nace. Lo hace con tanta sutileza, que a veces ni te das cuenta.
Tiene una simplicidad nata para compartir momentos naturalmente, que te dejan medio perdida.
No tiene el chamuyo del argentino, y eso a nosotras nos confunde. Tendríamos que caminar como pisando huevos.
Porque algo que en Argentina sería considerado como un momento "especial", acá es algo normal, porque son muy sociables y abiertos, sobretodo con los extranjeros. Te hacen sentir como en casa, siempre.
Y aquello que nosotras expresamos con naturalidad con nuestros amigos hombres, acá puede llegar a ser considerado como una incitación sexual. O quizás acá sea muy común tener amigas con derechos; o a mí me tocó tratar con algunos un poco desviados.
Por las dudas, cuando te interese conocer en serio a un uruguayo, te ponés colorada como yo, no tenés creatividad para sacar tema de conversación, y te ponés nerviosa como si tuvieras siete años, porque ése hombre, así desconfiado como es, seguro que te intimida.
25 de septiembre de 2014
Decepción.
Te tenés que dar cuenta, que no todo el mundo es como vos.
Que decirle a alguien inmaduro que lo querés, puede ser malinterpretado.
Que decirle que, en otra situación de vida las cosas serían diferentes, puede ser entendido como real y no como un supuesto.
Que tenés amigos varones con los que te ves a solas, y nunca pasó nada más que la amistad, pero que no todos los hombres son así.
Que tener las cosas claras, no quiere decir que el otro tenga el mismo nivel de claridad.
Que querer a la gente tan repentinamente, no es tan simple para los demás, como para vos. Y que, en algún momento, ibas a tener que empezar a elegir mejor a quiénes brindarles tu cariño.
Porque las personas que no tienen amor propio, se aferran a cualquier demostración de afecto, para sentirse importantes.
Incluso cuando esa demostración no es literal, o ni siquiera existe.
Querer compartir un buen momento, una cerveza, una charla, va a tener que ser aclarado de antemano, de ahora en más.
Incluso con aquellos con quienes quieras compartirte realmente, sería prudente evaluar la edad, el nivel de madurez y la claridad que manejen en su vida. Imprescindible.
Hoy no me entra en la cabeza, cómo me vine a confundir tanto con personas en las que realmente sentí que podía confiar.
No comprendo cómo no supe ver, que decirle a alguien-aún con claridad- lo mucho que lo querés, y que eso no implicaba amor de pareja, iba a ser leído al revés. Osea, dije una cosa, pero igual la entendieron a la inversa.
Me sorprendo a mí misma de haber sido tan ilusa con la gente, y tan boluda como para hacer lo que hice. Nunca me arrepiento de lo que hago, pero ahora me hago cargo de las consecuencias de que, habiendo sido clara, la gente va a entender siempre lo que quiere.
De todos modos, me deja tranquila saber que el problema, al fin y al cabo, no es mío.
Y que siempre me moví con certezas y buenas intenciones.
Allá ellos.
20 de septiembre de 2014
Contención.
Y me salía con la mía, porque abusaba también del amor que él me profesaba como podía.
Dar un abrazo, para él, era tan difícil como decir "Te quiero". Pero mi abuela y mamá equilibraban esa falta de conexión emocional, llenándome de estímulos, abrazos y cuidados que se terminaban tornando en sobreprotección.
Hija única, nieta menor, sobreprotegida. Ya he hablado de los problemas psicólogicos y sociales que tales traumas me han acarreado, y lo siguen haciendo si mi bloqueo inconsciente no funciona bien, cuando me estreso o no me cuido lo suficiente.
De todos modos, estuve siempre acostumbrada a estar contenida. En un círculo familiar tan numeroso como acotado, donde las demostraciones de afecto fluctuaban de acuerdo al adulto al que me acercaba, no iba a ser extraño que en mi adolescencia me la pasara escuchando música oscura, y tapando a todo volumen, los procesos naturales de reconocimiento de mi personalidad y mi psique, para sentirme contenida dentro de mi burbuja o mi espacio personal.
Así fue como desde chica me interesó hacer mi propio autoanálisis (muchas veces acompañado de autodiagnósticos también), y conocerme en profundidad pasó a ser la meta primordial de mi existencia.
Ésto, sumado a las ansias de libertad inherentes a mi persona, generó peleas y discusiones fuertes cuando no respondía como esperaban (o como la sociedad suponía que debía responder), o cuando, en la época en la que un nuevo integrante se sumó -como lo es el marido de mi mamá- yo no era adulta como él suponía que debía ser. No, nadie es adulto a los 18 años.
Mi mamá terminaba siendo siempre la que lloraba por el malestar que provocaban esos roces, esa tensión; pero también siempre fue la que me eligió y supo contener en cada etapa de mi vida, sobretodo en las que no sabía qué camino tomar, o peor aún, cuando ni siquiera sabía qué me estaba pasando.
Nunca supo de mis ideas suicidas -que nunca hubiera llevado a cabo-, ni de mis cortes en los brazos, dignos de una adolescente que pedía a gritos otro tipo de atención: la de impulsarla a darse cuenta que es independiente y tiene libre albedrío para elegir lo que quiera ser de la vida.
Me perdí el viaje a Bariloche por creer en las promesas -siempre vanas- de mi papá, que aparecía cuando yo lo llamaba para pedirle plata o cuando estaba borracho y precisaba a mi vieja de chofer.
Recuerdo incluso mi cumpleaños de 7 años, donde le pregunté a mamá llorando, porqué mi papá no se había acordado de mí en ése, MI día especial. Y, claro, ella siempre me contuvo.
Elegí mi carrera, en base a las opciones zonales, y, por fortuna, resultó ser una conjunción de mi amor por todo tipo de arte, y de tecnología, cosa que me apasionaba.
Supe recibirme un poco a destiempo, porque la crisis del 2001 nos sobrevino a todos y en especial a la facultad privada adonde asistía.
Dejar la carrera me significó hundirme en un abismo de sentimientos de fracaso, melancolía, frustración y cero incentivos para seguir adelante. Pero al año siguiente pude retomar los estudios (desde cero, sin validarme ninguna materia) en otra facultad estatal, y así logré recibirme sin pena ni gloria, pero tener el titulo que la sociedad precisa para avalar mi trabajo hoy en día.
De nuevo, mamá siempre me contuvo.
Por algo están reflotando de mi psique, los traumas y bloqueos que mi infancia generó: quizás porque estoy estudiando eso en mi curso de Terapeuta Floral, o porque simplemente me estoy haciendo cargo de que me voy a alejar del nido, del todo, y por decisión propia.
Y me doy cuenta que no voy a contar con ayuda de ningún tipo, más que la meramente emocional y a distancia.
Que soy una mujer adulta que puede evolucionar, respetando sus procesos y analizando cada reacción, en base a lo que la puede ayudar a crecer y a lo que no.
Que las nuevas personas que estoy dejando entrar en mi vida, pasan por un proceso de selección puramente perceptivo e intuitivo, donde puedo "olerlos" y saber quién es honesto, quién vale la pena tener alrededor, y quién no.
Que siempre, adonde vayamos, uno necesita contención.
Que cuando estás solo en la vida, sin nadie especial que te acompañe -más que los amigos incondicionales-, esa contención se acota bastante. Aunque eso no signifique sentirte solo.
Que no extrañás personas del pasado, porque ya no te sirven ni te interesa tenerlas en tu presente. Porque siempre fuiste así de desapegada con todo lo que ya pasó. Renaciste de todas esas cenizas, como nueva, en todas las oportunidades.
Pero hay que reconocer, que extrañás abrazos de esos que te dicen que todo va a estar bien, si usar ni una palabra.
No personas, el abrazo en sí.
Ése que viene de sorpresa por la espalda, y que con un beso en la mejilla te hace sentir único en el mundo.
Ése que a la noche, cuando te despertás de una pesadilla, te asegura que estás protegida. Aún a sabiendas de que estás segura de que podés protegerte sola. Te costó hacerte cargo, pero lo hiciste.
Ese abrazo con fuerza, que te afloja los huesos, porque te dice que te quiere tal y como sos. Ése abrazo de aceptación y de apoyo constante. De compañía.
Ni siquiera de un novio o un amante pasajero. Puede ser de un gran amigo/a, de tu prima, de tu sobrina.
Porque te hace sentir contenida. Te hace volver a tu espacio, a vos misma, compartiéndote con el otro. Y, a la vez, vos también estás abrazando.
También, por más fuerte, independiente y autosuficiente que seas, el abrazo siempre es necesario.
Y capaz que yo, los necesito como el aire que respiro: hasta que me muera.
16 de septiembre de 2014
Una pausa.
No es una madre común y corriente.
No puedo entrar en detalles, pero que ella sea así, marcó bastantes áreas de mi vida en las que fui poniéndole trabas a mi alma y a mi realización personal, por creer que ella siempre tiene la razón, la última palabra.
Mi mamá es una mujer muy, muy fuerte, y con carácter fogoso y temperamental.
El "miedo" o respeto que le tenía de chica, a pesar de haber sido muy compañeras, me llevó a pensar que todo lo que ella decía, era lo correcto.
Que si debía defenderme, ella estaría ahí.
Que si tenía que decir algo, ella tenía las palabras adecuadas para comunicárselo a quien sea.
Que si me equivocaba, ella se enojaría ferozmente, aunque eso no hiciera que dejara de amarme.
Mi mamá fue mamá y papá, y por eso siempre fui muy apegada a ella, a su esencia.
Pero con el tiempo, los golpes que me dí contra las paredes, las puertas que se me cerraron y las oportunidades que desaproveché, me fueron abriendo los ojos de a poco: debía encontrar mi propia esencia, mi fuerza, mi naturaleza; y dejar de manejarme en la vida como si mi madre fuera quien siempre está en lo correcto.
Claro que tardé 30 años en descubrirlo.
Hace poco, descubrí que mis ataques de pánico, provenían de no sentirme lo suficientemente fuerte como para defenderme sola, de cualquier cosa. Porque mamá siempre estaba para defenderme.
Descubrí que cuento conmigo, como si fuera mi propia madre. Que elijo lo que me nutre, lo que me alimenta. Que nadie más puede -ni debe- hacerlo por mí.
Descubrí que queriéndome a mí misma, no necesito buscar a alguien que me quiera. Porque esas personas no llegan para ocupar vacíos: llegan para compartirnos mutuamente lo que tenemos para dar.
Descubrí también, que quiero volar del lugar donde nací. Que quiero radicarme lejos, en otro lado, donde pueda extender mis alas y desenvolverme realmente como soy.
En un lugar donde no tenga vergüenza de ser yo, donde la gente sea más amable, donde tenga libertad de ser, de crecer, de expresarme.
Donde encuentre oportunidades para avanzar, y deje de sentirme estancada -laboralmente hablando-como me siento en ésta ciudad.
A mi mente, hace años, vino Uruguay. No sabía cuándo lo conocería, no sabía qué haría allí.
Pero la oportunidad de conocerlo, se dió en medio de un vuelco importante de mi vida.
Así que fuí. Conocí personas maravillosas. Supe que todo se dió cuando debía darse. Abracé en fotos mentales toda la ciudad. Respiré el aire necesario para darme cuenta de que ya corté el cordón. De que quizás es mi mamá la que debe cortarlo ahora.
Nací con más ansias de independencia que las requeridas usualmente, y todo lo que me lleve lejos de mi actual hogar, todo lo que me saque de la zona cómoda, me llama la atención. Me hace vibrar, me intriga, me mueve.
Algo brilla o reluce en mí, cuando estoy en mi lugar. Y mi lugar, es dentro mío. Y dentro mío, en ése silencio, me resuena Montevideo.
Entonces supe que quizás sí, debería intentarlo. Que no me da miedo encontrarme sola en un lugar completamente nuevo, que no pierdo nada con intentarlo, y que siempre quise ser extranjera. Me gusta esa palabra. Me atrae lo foráneo. Así fue como empecé a averiguar requisitos legales.
Con dudas, aseguré que volvería y dije la fecha. Aún sin saberlo a ciencia cierta.
Trabajé como nunca, me organicé y me desorganicé mil veces. No dormí. Gané el dinero necesario para volver, y acá estoy, a punto de ir a sacar los pasajes.
Así sea un sueño, un proyecto o un capricho, hasta ahora, me enseñó a organizarme y a demostrarme a mí misma que, cuando quiero, puedo. "Que los sueños no se cumplen, se trabajan."
Y que, por algo, las cosas también se dan en el momento en que así tiene que ser.
Y no, no creo que sea un capricho.
Aunque madre dude de eso, o dude de mí, ya no sé.
Quizás crea que no es mi lugar, que terminaré en otra ciudad, pero dentro de Argentina. Y yo estoy demasiado renegada con la actualidad de mi país, como para planear mi futuro dentro de él. No lo deseo, no lo siento dentro mío. No me veo acá.
Eso no quita que no esté orgullosa de ser argentina, claro que no. Porque lo estoy (y eso ya de por sí demuestra mi nacionalidad: el orgullo)
Nunca creí sentir ganas de irme, nunca imaginé ser la que muchos llaman expatriada, emigrante, desleal a la patria. Tantas cosas. Pero hoy ése es mi lugar y lo elijo a mucha honra.
Claro que entiendo que madre no debe querer que me aleje, y sé muy bien cuánto la extrañaría.
Pero, insisto, nada hay acá que haga que me quiera quedar.
Porque estoy buscando mi propio bienestar, mi equilibrio, y constantemente estoy en la búsqueda de mí misma, aún cuando ya sé que me he encontrado bastante.
No me interesa un futuro en un lugar donde no puedo desarrollar mis capacidades. Donde te coartan las libertades. Donde la gente ya no es lo que solía ser. Donde social y políticamente estás obstruído.
Estoy dándole todo de mí a esta ciudad, aseguro que todo. A la ciudad y a la gente; pero ya me cansé, me aburrí. Creo que las oportunidades actuales sirven sólo como medio, para alcanzar mis metas futuras.
Tampoco me interesa un futuro en un lugar donde no puedo ser quien soy, ni hacer brillar "éso" que sé que tengo para desenvolver de mí.
A veces siento que soy un pequeño faro y que ayudar a otros es mi misión en la vida. Y quizás lo sea.
Y me siento irritable cuando la gente cuestiona que dejo de ayudar a los de acá para ayudar en otro lado.
Si pudiera vivir ayudando a todo el globo, viviendo en Haití si es necesario, el universo sabe que lo haría. Que me lo bancaría y me sentiría híper gratificada, sólo por dar todo lo que sé que tengo para dar. Éso es lo que me gusta.
Pero acá no. Mi estadía acá se terminó.
Respeto que haya gente que no me tenga fe. Que no quieran que me vaya. Que deseen que mis planes se caigan. Respeto todas las intenciones, buenas o malas. A mí deberían respetarme por igual.
Sobretodo no insistirme con probabilidades de una u otra cosa, con tal de mantenerme cerca.
¿Soy demasiado egoísta por elegir lo que me hace bien? Eso le parece a la sociedad. Yo no me siento así.
De hecho, recriminan que te alejás, que te olvidás de el resto de tu vida. Parece una broma.
Nací libre.
De respetar mis decisiones, mis caminos, mis procesos.
De ir en búsqueda de mis sueños, de mis proyectos, de mis ambiciones.
Libre de ser yo.
Y no paro. No estoy acostumbrada a parar, ni a pausarme.
Aunque sé que ésta vez es necesario, y debo calmarme y pensar cada paso con cautela y realismo, una pausa no significa detenerme.
Porque sé lo que quiero, y estoy averiguando cómo conseguirlo.
13 de septiembre de 2014
Lo que esperan de vos.
Perdí la cuenta de las veces que dí explicaciones, de las veces que no las dí, de las veces que me calenté pensando en qué tanto les importa esa parte de mi vida a los demás, y de las veces que me pregunté cuán necesario se le hace a la sociedad emparejar siempre al que está soltero.
En cada etapa de mis solterías, esas que fui teniendo entre ex y ex, me fui dando la oportunidad de crecer y aprender qué había fallado de mí, del otro, y qué debería arreglar en mí, pero por mi bienestar.
Esta vez fue completamente diferente.
En cinco meses que llevo sola, conocí más de mí de lo que hubiera imaginado.
Calculo que será por la edad, por la etapa de la vida que estoy atravesando, o porque también descubrí que las relaciones no son nunca lo que esperamos, porque mutan, como nosotros, que vivimos cambiando.
Personalmente, soy alguien muy cambiante. Una vez, cuando estaba dejando a alguien, me dijo: "Vos no sos la misma que yo conocí hace cuatro años", como lamentándose.
Y gracias al cielo que no soy la misma, pensé yo.
Mi deseo más grande en la vida, no es ser felíz, porque ser felíz no es una meta, es parte del camino.
La felicidad es efímera y es genial saber aprovechar cuando aparece, y, si podemos hacerla parte de nuestro día a día, es una gran señal de que aprendimos mucho de nosotros, y de que estamos haciendo las cosas bien.
Mi deseo más grande es ser libre. Y lo voy a concretar cuando me muera. We are born to die. (sí, tengo algún tipo de obsesión "positiva" con la muerte, pero no es el tema ahora)
Mientras tanto, elijo vivir y hacer de mi vida, un cúmulo de aprendizajes y evolución personal, que a algo bueno llevará en algún momento.
Me considero una persona felíz. Soy alegre, no soy pesimista, incito los cambios que preciso en mi vida, a medida que los voy precisando. Conozco mis procesos, mis altos, mis bajos, y sí, mi pasión astrológica me lleva a guiarme por la luna y la energía que los planetas proyectan en mí, y eso me ayuda a crecer bastante.
Paralelamente, vivo en crisis existenciales. Que no son malas, no.
Vivo preguntándome qué deseo, qué es aquello que mi alma quiere en este momento. Y trato de complacerla.
Aprendí, en esta breve soltería, que cuando sienta la necesidad -y aparezca la oportunidad- de estar con alguien en serio, no es porque tenga que llenar algún vacío. Yo ya me siento llena, ya estoy completa así como soy. No necesito una media naranja ni nadie que sea mi otra parte, porque siento que ya tengo todas mis partes juntas.
Entonces, se me ocurre que tener una relación cuando te conocés a vos mismo, no sólo habla de que puede ser mucho más sana, sino de que estás con alguien para compartir la vida, para caminar juntos, porque elegiste compartirte vos.
En la entrada ésta lo dejé en claro.
En fin, estoy harta de que la sociedad crea que tenés que estar en pareja para ser felíz.
Que supongan que no estás casada a los 30 años, y sos una fracasada. Que crean que nunca más podrás tener hijos. Que se entristezcan por vos, como si fuera algo malo.
Que te traten de resentida cuando respondés de mala manera, porque te tienen cansada con planteos idiotas. Que seas una malcogida (o no cogida) por estar sola, y que eso sea parte de tu personalidad. Que te boludeen cuando decís que estás bien, que las personas llegan cuando tienen que llegar, que aprovechás mucho el tiempo a solas, que incluso te gusta. Y no, no te creen.
No creen, tampoco, que te tomes ése aspecto de tu vida con calma. Con la calma con la que no te tomás al trabajo, al estudio, al sexo o a otras situaciones.
No deberías estar "bien", si tenés 30 (o peor, 31) y estás soltera, sin pareja, ni hijos, ni casa propia, ni auto, ni cuenta en el banco.
No deberías. Pero lo estás. Y estás orgullosa de tu independencia en todos los aspectos de tu vida. Te sentís bastante realizada y plena, como para dejar que te afecte la gente idiota. Que te termina afectando porque le das lugar, porque se meten en tu vida, cuando en realidad no tienen ningún derecho. Así que podés cerrarles la puerta en la cara.
A ver, sola o en pareja, yo soy la misma persona. Con la diferencia de que ahora puedo seguir mis deseos mucho más libremente, y elegir con quien me comparto. Nada más.
Estoy sola, y estoy felíz. No es tan difícil de entender.
Me acepto, me conozco, me investigo. Sé lo que quiero, lo que deseo (que no es lo mismo), sé que los caprichos traen resultados momentáneos, pero que seguir mis deseos, los trae a largo plazo.
Sé que soy buena en lo que hago, y sé que si tengo que hacer algo más, también voy a poder. Porque puedo conmigo misma, como nunca hubiera podido si no me daba el tiempo necesario para conocerme.
Me valoro, me cuido, me entiendo. Me analizo y me respondo. Me quiero, sí.
Y el día que tenga una relación en serio, va a ser porque esa persona se quiere, se valora y elige compartir su vida conmigo, como yo.
12 de septiembre de 2014
La libertad de no pertenecer.
A nada. A nadie.
Somos libres cuando no necesitamos conceptos ni definiciones.
Me considero una persona bastante libre. Pero sé muy bien que no lo soy.
No soy dueña de nadie, ni me interesa, porque no quiero que nadie pretenda creerse mi dueño.
No tengo partido político. Elijo porque tengo la posibilidad, pero no me aferro 100% a la misma idea, porque la idea no se representa sola. La representa un ser humano, y el ser humano es cambiante.
Hoy puede gustarme, mañana no. Hoy puede actuar bien, mañana quién sabe.
No tengo religión. Creo en la suma de muchas filosofías y ciencias diferentes, de las cuales tomé lo que más me gustaba y armé mi ideología propia. Por ende, no me aferro a dogmas ni libros que pretendan imponerme en qué debo creer.
No tengo una manera definida de comer. Me gusta comer sano, y variado, pero suelo no comer carnes, por elección. Eso no me hace vegetariana, porque a veces muero por un asado.
No soy vegana, claramente, porque tampoco podría vivir sin lácteos. Por lo menos por ahora.
Y me parece una ridiculez atenerse a un "título alimentario" para definir que somos lo que comemos.
Sí, de hecho, somos lo que comemos. Pero yo no quiero ser ningún tipo de ayurveda, crudivegana, etc, porque me estaría limitando comer cualquier otra cosa que mi cuerpo precise en determinado momento. Me quita libertades.
Prefiero elegir lo que me nutre, en todo sentido, cuando sienta que mi cuerpo lo necesita. Y no basándome en algún tipo de dieta o concepción con "Título habilitante".
Sin embargo, tengo una profesión que tengo que representar con un título, identificarme para poder trabajar. Ya eso me limita.
Tengo edad física, como todos, y eso pareciera coartarnos libertades a veces.
Lamento decepcionarlos: la edad nos limita lo que le permitimos que nos limite.
Porque la edad es un número.
Lo que vale, como siempre, es seguir lo que deseamos, hacer lo que nos hace bien, seguir el camino que elegimos.
Tengamos la edad que tengamos.
Aún así, todas las cosas que "no tengo" (religión, partido político, definición de mi manera de comer), me siguen haciendo sentir limitada.
Porque yo no soy atea. Porque quiero poder elegir quien me represente. Porque tengo que alimentarme.
Y constantemente estamos eligiendo.
Elegimos cómo despertarnos, cuándo bañarnos, qué vestir, qué hacer, qué ingerir, qué escuchar. Elegimos qué vivir cada día, pero dependiendo del abanico de opciones que se nos presente.
Seríamos libres si no hubiera opciones determinadas, y simplemente pudiéramos elegir pero del todo, sin tener que limitar la elección a la fruta de estación, o al colectivo que pase por casa hoy.
Es prácticamente imposible ser libre del todo.
Pero es el deseo más inmenso que tenemos los seres humanos. O por lo menos yo.
Insisto, de todos modos, en que somos libres cuando menos pertenecemos a algo que nos clasifique.
E, irónicamente, siempre estamos perteneciendo.
A los sí, a los no, a los ni.
Siempre somos parte de algo más grande que nosotros.
Prefiero creer que creo (de crear) mi vida, que elijo a lo que pertenezco y a lo que no.
A los que amo, a los que tengo cerca, a los que abrazo.
Elijo amar con total libertad a las personas, a lo que hago, de lo que vivo. A mí. A mi vida.
Limitándonos, sólo nos corrompemos de a poco.
(Ésto no quita que tengamos que limitar algunos deseos o acciones para no lastimar a otros, porque vivimos en sociedad y hay que adaptarse. Es un tema más profundo.)
Elijo adaptarme, también, a lo que sé que me hace bien. A los cambios que provoco.
Pero no elijo adaptarme a las estaciones del año, sino que simplemente lo tengo que hacer. Ahí ya perdí libertad.
Elijo no controlar nada, por más que me cueste. Porque siempre pretendo controlar mi vida, cuando en realidad siempre me demuestra que, cuando dejo fluir, las cosas toman el rumbo que deben tomar. Yo sólo tengo la última palabra.
Elijo ser libre de todo lo que quiera imponerme un título o una propiedad. El sentido de propiedad nos da estabilidad. El sentido de libertad, nos da vida.
Elijo cada día, lo que pueda elegir de mi vida, en base a lo que desea mi alma, a lo que sé que me hace bien.
Elijo no ser de nadie.
Porque dejaría de ser mía.
3 de septiembre de 2014
Always leaving.
De lugares, de personas, de situaciones, de emociones, de sentimientos, de ideas. No, no se van de mí, yo me voy de todo.
Tengo la convicción de que estar en movimiento es lo mejor que nos puede pasar. Claro que a veces necesitamos calmarnos y bajar los decibeles para recargar energía, o para equilibrarnos. Pero el movimiento, la acción, es todo lo que necesitamos para evolucionar.
Elijo irme de un lugar, cuando ya no tiene nada para ofrecerme. Doy todo de mí, me exprimo y me saco el jugo. Me brindo sin restricciones, pero con la mira puesta en un nuevo lugar.
Y cambiar de lugar geográfico no es fácil, no es una elección que podamos tomar así nomás. Conlleva un análisis previo, intuiciones, teoría, práctica y, por supuesto, esperanza.
Si no tuviera la esperanza de que en un nuevo lugar, voy a poder dar TODO de mí, y voy a sentirme satisfecha al respecto, entonces ni lo intentaría.
Me voy de un lugar cuando me coarta las libertades, cuando no me permite crecer. Cuando me limita.
Quisiera ser nómade. O quizás lo fui en otra vida. Quisiera recorrer el mundo. Quisiera.
Elijo irme de una persona por motivos similares. Ya no puedo darle todo, porque no me siento cómoda, o porque no me genera esas ganas. Cuando en lugar de crecer, me estanca. Cuando la rutina ya no se puede esquivar. Cuando no me valora, cuando no me da el lugar que merezco en su vida, cuando no le importo. No, no es victimizarme, ni creerme mejor que el otro. Es reconocer el valor que tengo, y no darme a nadie que no sepa verlo. Es amor propio. Me elijo, antes de elegir al otro. Porque soy la única persona con la que voy a vivir toda mi vida.
Elijo irme de una situación, cuando no me da lo que necesito. Así me dé lo que quiero, yo sé muy bien si es un mero capricho. Si tengo lo que quiero y no lo que necesito, no puedo avanzar, no puedo madurar. Elijo, entonces, aceptar que lo que necesito es mucho mejor que lo que mis caprichos quieren. Porque lo que necesito, siempre dura a largo plazo, y trae aprendizajes. Lo que quiero caprichosamente, no. Y yo no puedo estar sin aprender cosas nuevas o sin sentir que a cada paso que doy, que con cada elección, estoy creciendo. Elijo irme, sobretodo, cuando me aburro.
Elijo irme de emociones y de sentimientos, bajo las mismas premisas, pero también cuando me ahogan. De hecho, cualquier cosa que ya no necesite en mi vida, me ahoga. Entonces tomo cartas en el asunto, y elimino, antes de quedarme sin aire. Porque sin aire no puedo vivir, nadie puede, pero yo siento que lo necesito más que el otro. Debe ser alguna fobia, estoy segura.
Las emociones y sentimientos estancados, sólo nos hacen vivir en el pasado, en la melancolía, y en personas y situaciones que ya no están. Nunca necesitamos al pasado, porque ya aprendimos lo que necesitábamos.
Tenerlo presente constantemente, quedarnos en esos estados, solamente demuestran que tenemos miedo de avanzar, de soltar, de perder algo. Todo lo que debamos perder o soltar para seguir el viaje, por algo será. No necesitamos caminar con una mochila tan pesada. Por eso, elijo soltar amarres, al pasado, a lo que no me sirve. Así puedo caminar liviana y llena de espacio para todo lo que tenga que venir.
Elijo irme de ideas, cuando no cierran, cuando, aunque insista, no se concretan. Cuando me doy cuenta que en realidad no eran tan geniales, o tan importantes.
Elijo irme, en realidad, en todo momento. Porque sin irme, no puedo llegar a ningún lugar nuevo, a ninguna persona, a ningún sentimiento, a ninguna nueva emoción.
Elijo irme, para empezar siempre de cero.
Porque así me gusta vivir. Empezando.
2 de septiembre de 2014
Lo inesperado.
Esperamos el bondi, los servicios a pagar, principio de mes, el aguinaldo, al cliente, al turno del médico.
Esperamos que nos vaya bien en el exámen, que nos acepten la propuesta, que nos llamen de un nuevo trabajo.
Esperamos, siempre esperamos.
Esperamos, pero ya con la predisposición de que tiene que llegar enseguida.
Esperamos de más, y nos ponemos nerviosos. Esperamos que nos respondan, y nos altera que tarden más de diez segundos.
Esperamos, sin que nos guste esperar, porque otra no nos queda.
Para encontrar lo que buscamos, hay que empezar a caminar.
Quien espera, no sabe que tiene el poder de transformar cualquier situación, con sólo dejar de estar estático.
Yo no quiero que la gente espere nada de mí, yo quiero que la gente deje de tener miedo de darse a sí misma, de conocerse.
La gente que sabe lo que quiere, no espera nada de la vida, porque ya tiene todo lo que necesita consigo: a sí mismo.
No espera que le llenen los vacíos, porque se siente completo, pleno.
No necesita a nadie que le haga compañia, sino a alguien con quien compartirse, a quien darse.
Sabe rodearse de personas que lo estimulen, que sepan lo que vale.
No se deja conocer siquiera, por personas que no verán su valor.
La gente que sabe lo que quiere, me atrae casi tanto como el mar.
Porque no espera de los demás, sino que da todo lo que es. Se brinda sin limitaciones, porque sabe que compartiéndose no se queda con menos, sino que se multiplica.
Porque no está pendiente de trivialidades, porque no le interesa lo superficial: sabe que hay algo más.
Porque se tiene a sí misma, y no tiene miedo de nada.
Y eso es lo más lindo de la vida.
23 de agosto de 2014
Claridad.
Como muchas otras cosas, es algo que se trabaja.
Parar un poco con el overthinking y con los pensamientos a futuro, nos permite centrarnos en el presente para comenzar a HACER, y poder envisionar lo grandes que podemos llegar a ser, lo enormes que son nuestros sueños y lo bien que nos hará tomar las riendas de los cambios que provocamos una y otra vez en nuestras vidas, sobretodo una vez que las metas se aclaran en el camino.
Tener las cosas claras, nos facilita tomar decisiones, elegir entre varias opciones, e, incluso, nos ayuda a relajarnos.
A veces nos pasamos el día pensando en nuestra economía, en saldar deudas, en ahorrar para tal objetivo, en qué pasará con tal situación, en cómo se desenvolverá tal persona, etc... y pensar constantemente, sólo nos estanca, porque dejamos de actuar, ya que solamente estamos enredando más y más ese ovillo de lana mental, que nos termina mareando.
Aprender a discernir entre lo que nos sirve para proyectar, y lo que debemos desechar porque nos estanca, es el primer paso para organizarnos las ideas.
Cuando sabés lo que querés, todo se va aclarando: los pensamientos, las metas, los sueños, el futuro. El presente.
Comenzás a saber por dónde empezar, cómo organizarte, trazás un plan, armás listas. Ordenás los puntos por prioridad, hasta que te das cuenta que la organización ya está lista, los objetivos ya están diseñados: es momento de empezar a actuar.
Los círculos se van cerrando, una vez que estás seguro de que estás trabajando en pro de tus sueños, y no en base a lo que los demás piensan que deberías hacer. Qué gran error es validar las opiniones ajenas, olvidando que las propias son las que realmente valen.
La claridad mental te genera alivio. Te descansa la mente, la vista, hasta el cuerpo. Dormís mejor, te levantás con más energía. Ya la cabeza no se te incendia, porque entendió que el que manda sos vos.
Los pensamientos y dudas a futuro ya no te acechan, porque decidiste aceptar y fluir con lo que sea que venga en el camino. Te diste cuenta que lo mejor siempre tarda, tiene un proceso previo, y vale la pena a largo plazo.
Decidiste, entonces, respetar tus procesos, tu interior, tus deseos. A corto plazo también. Decidiste no frenarte ni dejar de hacer las cosas que realmente tenés ganas de hacer. Decidiste dejar de perder el tiempo pensando, y disfrutar de lo que sea que tenga que venir.
Decidiste hacer, y no pensar. Vivir, y no esperar. Aprovechar las oportunidades, saborear los momentos placenteros que aparezcan, y no desperdiciarlos en procesos mentales que no llevan a nada.
Te relajaste y sabés que es así como te gusta estar: claro, preciso. Entero.
Si te hace bien, si no daña a otros, ¿entonces por qué no?
Tengo el escritorio lleno de papeles. Mi cuadernito de Uruguay lleno de cosas a realizar, de ítems que no debo olvidarme, de direcciones, teléfonos, mails y listas de papeles a sellar.
Tengo claridad mental, sí.
Me sorprendo a mí misma siendo tan responsable, decidida, objetiva. Organizada, disciplinada.
No tengo miedos, no tengo dudas. Sé lo que quiero, cómo conseguirlo y estoy trabajando para ello.
Estoy en el principio de un camino enorme, del cambio más radical de mi vida, del que ya dí el primer paso.
Camino sin prisa, pero sin pausa.
Porque estoy muy segura que me gusta ser así.
19 de agosto de 2014
Montevideo.
Caminás por Ciudad Vieja, y estás yendo al almacén una mañana de sol, antes de ir a la escuela, con tu abuela de la mano. Es juntar los envases vacíos de latas de tomate, gaseosas, cajas de arroz o leches, para jugar a venderlos cuando volvés. Es esos recuerdos, vívidos, latentes. Es un viaje en el tiempo.
Sentarte a respirar el aire que se mueve sobre el agua, en la rambla, es esos viajes a pescar con tu abuelo. Es encontrar que, en otro lugar, te sentís mejor que en tu propia ciudad. Es libertad. Es pasado y es presente. Tal vez, entonces, sea parte de tu futuro.
La bruma del río a la noche, te puede congelar los huesos en invierno, pero adentro hay algo que está siendo incendiado, abrazado. Quizás te toque un poco el alma, pero no le busques la lógica. No la vas a encontrar.
La arquitectura es histórica. Los rincones se hacen históricos, aunque tengan una pared sin revocar o yuyos saliendo de las baldosas. Todo tiene algún secreto que contarte. Todo te suspira algo al oído.
De una punta a la otra, te gusta más y más. Es como si te fuera cerrando la idea de que es tu lugar en el mundo.
Como si te estuviera confirmando que debías dejar de lado tus expectativas, porque no era lo que esperabas. Porque te sorprendió de una manera más intensa que turística.
Te tocó ahí, donde te encontrás con vos misma. Donde te silenciás y es todo tan tranquilo, como adentro tuyo. Es eso, la ciudad te calma.
Cada casa que te gusta, es un hogar en potencia.
Cada persona que te sonríe por la calle, cada perro que te sigue, cada negocio que abre sus puertas: todo te gusta. Incluso el colectivero malhumorado o los que te chocan caminando por 18 de Julio, como si se tratara de un microcentro porteño en otra dimensión.
Cómo hablan, cómo se manejan, cómo te tratan. Tenés ganas de abrazar a todo y a todos. Porque hacen una cosa a la vez, no viven apurados, ni corriendo, ni exaltados. Viven el momento, sin necesidad de volverse locos.
Tiene un dejo melancólico, como si fuera un viaje al pasado. A todos nos gusta ése sentimiento de volver a los momentos felices, sobretodo de la infancia.
Pero va más allá.
Y tiene más de una cara, más de una personalidad.
Es seria y responsable, controlada. También late, está viva, se divierte. Tiene facetas, como si fuera un diamante en bruto que, a medida que recorrés, vas puliendo, va brillando un poco más para vos. Aunque los demás no lo vean.
La gente es grande, respetuosa, educada. Hasta los adolescentes piensan, hablan y actúan como mayores. Tienen madurez en su comportamiento, aunque a algunos se los note perdidos o en el limbo. Como si estuvieran desesperanzados, como si ellos también quisieran huir, pero del lugar adonde vos querés llegar.
Y, con esa misión de ayudar a todo el mundo, sentís que los podés sacar de esa angustia silenciosa. Reconocés lo que les pasa sólo con observarlos. Los leés. Sentís que servís para hacer lo que amás.
Montevideo es una ciudad adulta. Como si le faltara haber sido niña alguna vez.
Pero también te deja jugar a ser chica otra vez, a oler ese perfume a pasado que te dió en la primera impresión. A saltar escalones, hacer equilibrio en una escollera, caminar en la arena o aventurarte sola de una punta a la otra, desconociendo todo. Nadie te conoce a vos, tampoco.
Aunque sabés que ése pasado que te rememora fue cómodo, instalarte es para adueñarte de tu futuro. No se puede avanzar nunca para atrás. Y lo sabés. Y sí, te gusta.
Es natural, es verde. Es una plaza, una playa, un edificio "enano", una avenida, una peatonal, un río, un barco. Un pequeño parque de diversiones, una terminal donde te despedís, sabiendo que vas a volver.
Y volverás, porque esta vez no dejás que la vida haga lo que quiera: elegiste hacer vos lo que querés de ella. Elegiste sacudirte el polvo y empezar de cero. Porque los cambios radicales siempre te hacen bien, te transforman, te renuevan. Sobretodo si incluyen hacer de tu camino, una tábula rasa.
Hace rato la existencia no tiene sentido en el lugar donde naciste.
Por algo te criaste ahí, pero ya es hora de extender las alas. Porque cuando no podés crecer más, cuando llegaste a tu techo, querida, hay que moverse.
Estancarse nunca fue una opción.
No es escapar, no es huir. Es buscarte, es crecer, es aprender cosas nuevas, sentarte en nuevos lugares, elegir nuevas calles, oler nuevas personas, extrañar a las que dejaste en Buenos Aires. No, no es dejarlas atrás. Porque la gente que queremos, siempre es parte de nuestro presente. Como sea.
Es saber que igual no todo es color de rosa, y que hay gente linda como en todos lados. Y de la otra, pero ya sabés reconocerlas, entonces no te preocupa.
Porque también sabés quién sos y lo que querés de la vida.
Porque Montevideo cierra a la perfección con todos tus pronósticos.
Te llegó al medio del pecho, como si fuera una flecha que alguien disparó cuando estabas buscando tu destino.
Eso fue. Eso es. Eso querés que sea.
13 de agosto de 2014
Playlist planetaria: La Tierra.
Astrológicamente, los planetas, estrellas y asteroides giran en torno a la Tierra, por eso no es tomada en cuenta como influencia, claro está.
Pero es nuestro hogar, es nuestra base, nuestra raíz, hasta podría considerarse nuestro chakra raíz universal! Quizás compartiendo el lugar con Saturno. El chakra sacro serían Plutón y Marte; el del plexo solar el Sol, obvio; el del corazón, Venus; el de la garganta, Mercurio; el del tercer ojo, Urano; y el chakra corona, Neptuno.
Me falta un chakra principal para Júpiter, pero asumo que como se encarga de expandir, podría pasar por todo el cuerpo ayudándonos a abrirlos y equilibrarlos.
Es todo invento mío, no se crean nada de lo que digo.
La canción que me hace sentir "segura", como lo hace el estar en casa, aquí, es una canción llamada "Always There", de Secret Garden.
En realidad, habla de una energía suprema, ésa que siempre está cuando la necesitamos. Y la Tierra, también.
Nos abraza siempre, estemos donde estemos, nos sintamos como nos sintamos. Ella sabe que es nuestra madre, nuestro continuo hogar, nuestro presente y nuestro futuro.
Siempre está ahí para nosotros. Y le estamos agradeciendo tan mal...
Cada vez que la escucho, es algo bastante especial lo que me pasa, y sé que a muchos puede gustarle también. Y no, no es una canción religiosa ni nada que genere algún tipo de división. Ya deberíamos irnos olvidando de esos conceptos atascados. Sobretodo ahora que Urano está haciendo movidas para que rompamos viejos patrones que nos limitan.
"You are there, when I most need you, you are there so constantly; you come shining trough, you always do...you are always there for me."
Playlist planetaria: Plutón.
Ahh, Plutón me fascina.
Justamente eso genera: fascinación, obsesión, misterio. Es el otro mundo, la muerte, el sexo, la transformación, la oscuridad, los secretos.
Representa los cambios profundos que nacen desde nuestro interior, la regeneración, la toma de consciencia de aquello que tenemos en lo más oculto de nuestro ser, eso que bloqueamos, que desconocemos o que no recordamos.
Es el planeta de la realización y los cambios internos, quien nos ayuda a modificar los aspectos que no nos agradan de nosotros mismos, que nos dañan.
Es el descubrimiento a nivel místico, espiritual. Nos ayuda a abandonar viejas formas, hábitos dañinos y a desintoxicarnos. Purifica, limpia.
"Eliminación es iluminación", y no puedo parar de citar a Mía Astral. :)
Rige al impenetrable Escorpio, y a los procesos de autoconocimiento personales.
Plutón es un maravilloso y oscuro transformador. Oscuro porque actúa desde las sombras, desde nuestro fuero interno. Es pequeño, alejado, pero posee una fuerza enorme.
Para este planeta, me resultó indicada "Comfortably numb", de Pink Floyd.
Musicalmente le da esa atmósfera oscura y tan misteriosa que Plutón evoca, y la letra parece describir el momento doloroso previo a una muerte, a una gran transformación.
Que, sin duda, por más miedos que tengamos, siempre va a ser para mejor.
"Well, I can ease your pain, get you on your feet again. Relax."
Playlist planetaria: Neptuno.
Es psiquismo, sueños, misticismo, idealismo, surrealismo, espiritualidad, más allá. Imaginación, intuición, inspiración.
Simboliza el inconsciente, la conciencia cósmica, la nostalgia, lo que permanece oculto o "bajo las aguas".
Es la percepción y la videncia.
Podría decirse que Neptuno nos pone en estado Theta, ése estado previo a dormirnos en el que estamos listos para dejarnos llevar a las profundidades de lo irreal. Es el culpable de cuando estamos "en las nubes".
Rige al romántico Piscis, y a las aguas internas de nuestras emociones más profundas.
Por eso, Lana del Rey me resultó lo suficientemente mística y abrumadora como para que sea la autora de la canción que le otorgo a Neptuno.
"Young and beautiful", me parece una bellísima obra, que lo representa con toda su belleza, magnetismo, y sensibilidad miedosa, sin que sea interpretado como algo malo.
Neptuno nos pone un velo en los ojos.
Lana tiene esa misma esencia, o por lo menos es lo que me genera escucharla.
"Will you still love me, when I`m no longer young and beautiful?
Will you still love me, when I got nothing but my aching soul?"
Playlist planetaria: Urano
Nos pone excéntricos, cambiantes, modernos, espirituales, futuristas.
Genera progreso, nuevas ideas, raros peinados nuevos, diría Charly.
Representa la ruptura con las normas, con lo tradicional. Destruye y desmitifica tabúes.
Nos ayuda a intentar nuevos comienzos o cambios, a ser espontáneos, a renovar, revolucionar, y a evolucionar.
Se asocia a nuestra capacidad de responder a los cambios y a la realidad, a la percepción de los acontecimientos, así como nuestra capacidad de transformación y mutación. También, a nuestra visión y proyección de futuro, y a las cosas que abandonamos en pos de hacerlo brillar.
Es desapego, justicia, independencia y liberación. Fraternidad e igualdad. Es todo lo contrario a lo establecido, a la rutina.
Es, sintetizando, todo aquello que nos ayuda a avanzar y crear en nuestro día a día, un futuro mejor.
Urano rige al innovador Acuario, y todos los cambios que en su Era están siendo llevados a cabo.
Por eso, más que simple me resultó encontrar la canción que mejor lo define.
"Changes", de David Bowie.
"Strange fascination, fascinating me. Oh, changes are taking the pace I`m going through"
Playlist planetaria: Saturno.
Saturno, el temido y mal visto Saturno.
El destructor, que tanto bien nos hace derribando esas estructuras caducas y confortables que a veces armamos en nuestras vidas.
Lo rige la tierra, y el rige al comprometido Capricornio, y es co-regente del liberal Acuario, mi signo solar.
Se lo asocia al pasado, al tiempo, a la reflexión.
Nos ayuda a soportar pruebas difíciles (que muchas veces él mismo pone en nuestro camino), y a luchar con nuestro propio "lado oscuro de la Fuerza".
Saturno nos ayuda a disciplinarnos y nos obliga a tomar responsabilidad de todo lo que acontece en nuestro camino.
También nos pone frente a los compromisos que debemos asumir, para poder seguir creciendo sin estancarnos en la zona cómoda, y a madurar, sobretodo a madurar.
Está mal asociado a la negatividad, por las dificultades y destrucciones que provoca, pero lo hace sólo con la intención de que nos demos cuenta de nuestro propio poder, y podamos renacer una y otra vez, de las cenizas. Sí, como el Ave Fénix.
A Saturno le queda muy bien la canción "Under pressure", de Queen.
Porque éso es lo que a él más le gusta hacer: ponernos bajo presión para que, de una buena vez -sobretodo en sus retornos- aceptemos que lo mejor para nosotros es crecer, avanzar, y hacernos responsables de nuestra propia vida.
"And love dares you to change our way of caring about ourselves."
Playlist planetaria: Júpiter.
El más grande, el que nos llena de regalos cuando hacemos las cosas bien.
Su elemento es el aire, y rige al social y divertido Sagitario.
Es quien nos guía hacia conocimientos superiores, a no quedarnos estancados.
A viajar, a buscar nuestro lugar en el mundo, a buscarnos a nosotros mismos. A expandirnos.
Nos inserta esa chispa de curiosidad por lo espiritual, por lo filosófico. Colabora con nuestras probabilidades de éxito y supervivencia, con nuestra superación y realización personal.
Su influencia es buena fortuna, es cálida y protectora. Júpiter es alegre, optimista, expansivo, sabio, progesista. Todo eso, y más.
Júpiter no puede ser menos que el resto, pero no como el Sol, que brilla, sino porque de hecho, es el más grande de los planetas de nuestro Sistema Solar.
Quise merecerle una canción de mis adorados Beatles, pero ninguna lo expresa tan bien como quisiera.
Sin embargo, hay dos canciones viejitas que expresan diferentes aspectos de Júpiter y de Sagitario.
Una representa su espíritu juvenil: Alphaville, "Forever Young".
"Let us stay young, or let us live forever. We don`t have the power, (corrección: Yes, we have) but we never say never"
La otra, representa el aspecto exitoso que el gran planeta nos ofrece: "Dressed for success", de Roxette.
"I`m gonna get dressed for success, hitting a spot for the big time, baby!"
Playlist planetaria: Marte
Marte nos dá impulso, fuerza, coraje, y deseo sexual.
Nos lleva a seguir nuestros instintos, a iniciar todo aquello que nos interese, a concretar. Nos impulsa a la acción. A afrontar los peligros sin miedos.
En su vibración más baja, genera iras, guerras y conflictos.
Su elemento fuego, es tan creador como destructor.
Marte rige al impulsivo Aries, y es co-regente del misterioso Escorpio, mi ascendente que tanto amo.
Es energía pura, vitalidad.
No dudé un segundo en relacionarlo a la canción de Kings of Leon "Sex on fire", y la obviedad salta a la vista.
"Hot as a fever, rattling bones, I could just taste it, taste it..."
Playlist planetaria: Venus.
Venus, regente del terco pero sensual Tauro, y del bello Libra.
Suave y delicado como su elemento, el aire.
Venus se ocupa, claramente, de la belleza, de las expresiones artísticas, de las relaciones sociales, de la fraternidad, de la seducción.
Sin más prolegómenos, nuestro planeta vecino, a mi parecer, se define con nada menos que ésta canción, que a las mujeres nos encanta que nos dediquen, que habla de la belleza que Venus exalta, de valorarnos y de ser tratadas como nos merecemos.
"Pretty Woman", de Roy Orbison.
"`Cause I need you, I`ll treat you right, come with me, baby, be mine tonight"
Playlist planetaria: Mercurio.
El dueño de la tierra, como elemento.
El regente del verborrágico Géminis y el racional Virgo.
El de la dialéctica, la inteligencia, la comunicación.
Tan pequeño, tan efectivo, tan poco desmitificado cuando retrograda.
Mercurio, yo te quiero muchísimo. Pero todavía tengo que aprender a manejarte y a manejar el overthinking que me produce tenerte en Capricornio, y en mi tercera casa.
Te quiero, repito, porque gracias a vos soy lo que soy, mentalmente hablando, y me comunico como lo hago. Y tan mal no me va con eso.
Así que aquí, una canción que me recuerda a Mercurio, a nuestra expresión mental: "Calma pueblo", de Calle 13.
"A mí no me ofende que por hablar mucho, me llames "loco". Tú dices poco, porque sabes poco!"
12 de agosto de 2014
Playlist planetaria: La Luna.
Owner del elemento agua, hace lo que quiere de nosotros, a menos que aprendamos a movernos ondulantes con sus ciclos.
Nuestro satélite natural, la que nos hace subir y bajar las mareas, tanto planetarias, como corporales y emocionales. La que nos acuna, nos sensibiliza, y nos alimenta.
Rige a Cáncer, el signo más maternal de todos, el de nuestro inconsciente, de los sueños, de la magia.
Por eso me recuerda a esta canción de Coldplay, "Magic", bastante nueva por cierto, pero que describe esa sensibilidad, ese amor romántico que la luna nos evoca. De hecho, el video imita a las películas del cine antiguo, y me recuerda mucho a la estética de la película de George Méliès "Le Voyage dans la Lune".
Por todo eso, creo que es una buena canción para describir a nuestra compañera inseparable, a nuestra actitud emocional.
"Still believe in magic? Yes, I do."
Playlist planetaria: El Sol.
El signo al que rige, Leo, orgulloso y con presencia como pocos, maneja a la perfección el elemento fuego, del que el Sol se adueña.
Sin importar cómo somos, sabemos que somos grandes y podemos brillar como el astro rey, como la gema que somos, ése diamante que se pule desde adentro.
Se me ocurre, quizás, que el Sol, el astro rey que ostenta orgulloso su coronita, y Leo, pueden estar bastante bien descriptos con dos canciones, porque al Sol no le vamos a andar limitando las cosas.
Una es "Born this Way", de Lady Gaga.
La otra, quizás hasta más acertada, es de una leonina como Madonna, "Express Yourself".
Primera entrega, entonces, el Sol: nuestro Yo creativo.
"Don´t be a drag, just be a queen."
"You deserve the best in life, so if the time isn`t right, then move on. Second best is never enough, you`ll do much better, baby, on your own".
11 de agosto de 2014
Pensar o no pensar, ésa es la cuestión.
Te cuesta aprender a acallar la mente, por eso amás tanto los silencios. Todo tipo de silencios.
El que hay cuando llegás a tu casa. El que provocás mientras cocinás, sin escuchar nada más que tu respiración o los ruidos de los utensilios. El que buscás en la naturaleza. El que compartís.
Me resulta muy cómodo compartir silencios con otras personas, y me resulta muy extraño que eso me sea cómodo, ¿Me explico? En sí, es raro que el silencio con otra persona sea cómodo. Pero por esas cosas de la vida, hay personas con las que sí lo son, y otras con las que no. Calculo que será una simple cuestión de afinidad.
Pero, cuando te das cuenta que esa cantidad de personas va en aumento, abrís los ojos a una nueva perspectiva: hay algo que estuvo cambiando, y ése algo fuiste vos.
Te sentís cómoda con vos misma, en silencio. Éso es.
Cuando uno ya no necesita estar bombardeándose con música, o con el televisor, es porque llegó a un punto de suma importancia en la relación consigo mismo: el conocerse, el saberse dueño de su propia mente, y de su propia vida.
Me silencio a diario, porque lo necesito tanto como al aire puro, me es vital. Me silencio, porque pongo a prueba mi propio poder, el de decirme que ésta vez voy a dejar que todo fluya, y voy a evitar pensar de más.
Me silencio, porque siempre necesité saber que todo estaba bajo control. Siempre traté de estar al tanto de todo en mi vida, y eso lo único que hace es quemarte las neuronas. No podés controlar todo, no.
Hasta que aprendí que las cosas que no puedo controlar, o que no permiten ser controladas bajo ningún aspecto, son las mejores del mundo. Porque son las que te liberan. Las que te dejan tranquila, las que te dicen que confíes en que todo va a estar bien.
Claro que no siempre se puede.
El overthinking siempre está ahí acechando, esperando ése espacio de tiempo en el que aceptamos volver a sabotearnos. Pero no.
Una vez que sabés de dónde viene, podés empezar a cerrarle, aunque sea un poco, la puerta.
Entrás en su área: sabés que lo hace por tus inseguridades, por los traumas de tu infancia, por las heridas que no curaste, por la armadura que te viste ante algunas personas, o por algún miedo idiota.
Tenés que saber de dónde viene. Y una vez que lo hiciste consciente, no podés ser indiferente.
Conociendo las causas de mis ataques de pánico, por ejemplo, me es mucho más fácil controlarlos, e, incluso, conocer mis actitudes al respecto, y hasta en qué circunstancias me pueden agarrar.
El tema está, en que hay veces en las que debo dejar de observarme. Porque lo hago todo el día. All the god damn day.
En fin, es así: conocés la causa, atacás donde más le duela a tu inconsciente.
Empezás a cazar y desandar tus propios patrones. Hay que desaprenderlos para hacer lugar, para permitirnos ser quienes realmente somos.
Si tan sólo supiéramos cómo ganarle las batallas a nuestro inconsciente, sería mucho más fácil. Sin embargo, no apreciaríamos los procesos mediante los cuales él se encarga de ponernos de culo frente al mundo, para que solitos hagamos de esas marcas, una ventaja, un aprendizaje. Para que las superemos.
Y así transcurre toda la vida: los bloqueos, patrones, patologías, miedos y todas esas cosas de las que el inconsciente se encarga, se van superando; pero también van apareciendo otros nuevos, ya que nunca dejan de generarse, porque somos seres complejos, nuestra naturaleza es así.
Creo que ésa es la maravilla.
Aprender a lidiar con nuestros demonios, en lugar de encerrarlos.
Abrirles la puerta cuando ya no podemos aprender más de ellos.
Desaprender los viejos patrones para liberarnos.
Y salir a vivir el mundo, porque si seguimos pensando, nos acobardamos y no aprendemos nada.
6 de agosto de 2014
Qué difícil no ser lo que el mundo espera de vos.
Necesito ser transparente siempre, con todo el mundo.
No puedo fingir ningún estado ni ninguna emoción.
No puedo pretender ser algo que no soy, ni dejarme llevar por cosas que no me convencen.
No es mi naturaleza.
Cada vez que alguien hace hincapié en mi edad y en el porqué no estoy casada ni tengo hijos, la mujer independiente que llevo dentro, no sabe si estallar de ira o explicar el paso a paso de mi vida, para que por favor dejen de preguntar cosas que, a la larga, me terminarían hiriendo.
Tomo mis decisiones en base a mis ambiciones. Tengo ambiciones, basadas en lo que quiero ser en mi vida. Lo que quiero ser en mi vida, nace de mis más profundos deseos.
Entonces, podría decirse, que todo lo que decido, responde fielmente a lo que desea mi alma.
Y mi alma, en su necesidad más básica, su instinto, me lleva a ser libre, y cambiante.
Pero la libertad y los cambios están tan mal vistos y acarrean tanto tabúes, que se tergiversan todos sus sentidos.
Yo necesito tener una profesión y un trabajo, donde no me sienta acorralada.
Necesito tener ideas que puedan modificarse y que no me limiten.
Necesito tener amistades que no me saturen, y que acepten que me muevo constantemente. Eso no quiere decir que no esté cuando me necesiten, se entiende.
Necesito una persona que sepa amarme con todo el equipaje que traigo encima, y que no pretenda adueñarse de mí, bajo ningún concepto. Mucho menos pretender cambiarme.
Mi interés principal en la vida, desde que salí de la secundaria, era la independencia laboral. Y llegué, sí, lo logré.
Sin embargo, hoy en día, la estoy- prácticamente- tirando por la borda. Porque si tengo que empezar desde cero en otro lugar, no voy a ir en exquisita. Aunque un poco sí, porque lo valgo y lo sé, ego mediante.
Entonces freno y me pregunto "¿Qué estoy haciendo?" Pero nunca tengo miedo de responderme.
Porque sé muy bien que he llegado a mi zona cómoda.
Y cuando arribo ahí, a ése lugar donde me siento cuidada, segura y estable...algo me pide salir.
Nunca estuve en un lugar que me hiciera sentir como en casa, con todos sus aspectos.
Sí, siempre que viajo me quiero quedar y me siento cómoda en cualquier lugar del mundo.
Pero Montevideo no es así. Es, inclusive, más de lo que esperaba encontrar.
Entonces, así, de un día para el otro, anduve oliendo la ciudad, abrazando personas que hacía horas me eran desconocidas, tratando de ver si encajaba con mi idea de "mi lugar en el mundo", y, aunque eso no lo sabré hasta más adelante, algo me dice que lo intente de todos modos.
Y así voy. Es la primera vez que tengo un sueño tan grande, que deja de ser un sueño. Porque estoy tomando acción al respecto.
Esta vez lo veo tan tangible, tan real, que me asusta lo felíz que puedo llegar a ser.
Ahí vuelven la libertad y los cambios.
Lo hago porque necesito sentirme libre de todos los preconceptos en los que dejé que ésta ciudad me fuera hundiendo. Necesito saber que puedo irme lejos y volver, y saber que mi casa está conmigo adonde vaya, y no en un lugar físico.
Necesito cambiar de aire, de ambientes, de personas.
Tengo en claro a cuántos (y cuánto) los voy a extrañar. Pero siempre estaré volviendo a por un abrazo. Porque ésto no quiere decir que los quiera menos.
Respecto a los que preguntan, no formé una familia porque no lo sentí necesario aún. Siempre me importaron más mi profesión, mi independencia y las "grandes aventuras", mucho más que formar un hogar.
Quizás por eso, mis elecciones amorosas siempre reflejaron esa libertad.
Me he quejado de que no se comprometían conmigo, cuando en realidad yo estaba comprometida sólo conmigo misma. Y aunque dí todo de mí, algo estaba fallando.
Soy consciente que tengo que cambiar el patrón de hombres que atraigo, siendo yo primero, la mujer que quiero ser. Y eso empieza saliendo de una ciudad que no me permite crecer, que me limita y que está carente de posibilidades.
Siento que puedo dar mucho más, de lo que éste lugar me permite.
Pienso, también, que de haber tenido una familia, hubiera sacrificado mi libertad e independencia económica. Sí, todo lleva sacrificios en la vida, pero ahora sacrifico esas cosas, en pro de unas más amplias y mejores. Y, si tiene que venir el futuro a pegarme un sopapo con el amor y todo eso, ya vendrá. Porque no me interesa buscarlo: siempre aparece sólo y cuando menos me lo espero.
Luego sé, que no me estoy yendo de vacaciones. Que la estabilidad y la zona cómoda van a volver a aparecer, y no me va a quedar otra que adaptarme.
Estoy, también, organizando todo de manera muy ordenada, como nunca. Hasta me sorprendo de la capacidad de responsabilidad que estoy teniendo con este tema.
Pero eso, a veces, también me juega en contra, porque pretendo tener todo bajo control.
Hace poco alguien me dijo que no puedo controlarlo todo. Y tiene razón, porque las cosas más lindas de la vida, son esas que no te permiten que las controles. Esas que no pensaste, que te sacan de todo lo que esperabas, que te resultan extrañas...esas de las que te sorprendés estar viviendo. De las que sacás los mayores aprendizajes.
En fin, me voy, sí. Está decidido.
Necesito este GRAN cambio. Necesito demostrarme que puedo sola. Con eso, y con todo lo que acarrea.
Entonces, disculpen si no soy lo que esperaban que fuera. Pasa que estoy ocupada siendo la persona que realmente me gusta ser.
4 de agosto de 2014
Aire fresco.
Yo soy viento. Me comporto como el viento.
Siempre fuí así, y ésa debe ser la razón por la cual en un acto escolar, actué del viento mismo. Muy bizarro, pero real.
A veces puede parecer que tengo rumbo fijo, y que estoy decidida a llegar a la meta. Pero cuando estoy ahí, tan cerca de todo, me tuerzo un poco y doy un par de vueltas, porque parece que el camino me gustara más que llegar al final mismo.
Me gusta el aire. Me gusta respirar la pureza de la bruma del río o el olor de la sal del mar.
Me acaricia el alma la mixtura de los 4 elementos en el olfato. El olor a ozono, a "tierra mojada", el olor del fuego recién encendido, el olor de los diferentes cauces de agua, el olor del viento.
Sí, soy como el viento. No sólo porque cambio de rumbos, sino porque me siento libre siempre. Donde vaya, con quien sea que me encuentre. Calculo que será parte de mi espíritu, ese gusto de no permanecer atada a nada, pero de ser fiel a lo que amo.
Soy como el viento, que te acaricia con una brisa o te destruye con un tornado.
Soy como el viento, porque nunca llego sola. Siempre traigo regalos, de cualquier tipo.
Soy como el viento, cambiante, fuerte, suave, cálida o helada. Soy como el ambiente lo requiera. Cuando es preciso me adapto, impongo las condiciones "climáticas", o sino directamente me voy.
Pero cuando algo me gusta, quizás elija ser sólo aire que se desliza entre las narices del pueblo al que acabo de arribar.
Soy como el viento, que no se puede guardar, ni atrapar, ni encerrar. Él y yo, elegimos sólos donde asentarnos.
Soy pesada como el viento húmedo, también.
O volátil como ése aire que te reaviva las brasas.
Soy como el viento, si, inquebrantable y natural. Fresca y molesta. Fuerte y destructora.
Sólida e inmaterial. Intocable, pero dócil cuando eligen respirarme.
Soy como los nuevos vientos, siempre cambiante, inquieta, curiosa, llena de preguntas.
Y adonde vaya, aunque no lo intente, llevo el aire fresco conmigo.
2 de agosto de 2014
La soledad, ésa linda, otra vez.
Con suerte, todas. :)
Desde hace dos años, el valor que tomaron en mi vida la soledad y el silencio, no hace más que crecer.
Necesito diariamente ése espacio en el que estoy, con plena conciencia, conmigo misma. Es el único método viable para escucharme, conocerme, responderme y volverme a preguntar. Es cuando estoy en mi estado más puro.
Cuando me silencio y puedo parar la maquinita de la cabeza. Esos segundos milagrosos.
Tengo días y días.
Los días que estoy centrada, me entrego al fluir de cada momento, y me siento en paz, relajada. Sé con certeza lo que quiero, cómo conseguirlo y trabajo por ello.
Los días, como hoy, que me despierto en pleno overthinking, me quemo, me incendio y tengo que escribir o hablar con alguien. Siento que yo sola no puedo, hasta que en cuestión de segundos recuerdo que SÍ.
Que siempre puedo.
Que puedo callarme, porque la que manda soy yo.
Que puedo calmarme y que tengo las herramientas.
Que puedo llevar a cabo lo que desee, por más loco o difícil que parezca.
Que puedo hacerme cargo de mi vida, sola.
Que esté donde esté, puedo reencontrar ése silencio, porque no es exterior: está adentro mío.
1 de agosto de 2014
Uno está, donde está su deseo.
El deseo en sí, se manejaba desde el interés hacia el objeto y mutaba en posibilidades para demostrarlo, acotadas, pero dirigidas con fuerza y perseverancia hacia la meta.
Hoy, el deseo magnificado y diversificado por el crecimiento imparable de las redes sociales, abandonó su carácter cualitativo, a cambio del cuantitativo.
Cuanta mayor es la cantidad y la variedad de objetos del deseo, más fácil parece obtener la satisfacción del mismo.
Ilusos.
El deseo crece a medida que los sentidos son despertados.
Las fotos, las palabras, la seducción en un texto o en un audio parecen ser moneda corriente ante una era abocada a la tecnología y a la cercanía que nos genera. Pero nada hay más lejos que ésto.
Nos sentimos cerca, pero aún si no hay distancia física, ésta es abismal. Nos abrazamos en el aire, nos decimos cosas lindas o nos insultamos, nos defendemos de agresiones, nos emocionamos. Todo a la distancia.
La multiplicidad de deseos invertidos en pequeños objetivos que terminan siendo abandonados en la nada misma, nos debería hacer abrir los ojos ante la realidad que estamos creando.
Las redes sociales que se jactan de acercarnos, lo más fuerte que generan es aumentar nuestra armadura protectora de vulnerabilidad y convertirnos en pequeños bichos bolitas que se encierran en su mundo a opinar desde su sillón.
Miramos, deseamos, demostramos que nos gusta o simpatiza alguien con pequeños clics lanzados con la timidez del dedo índice o el pulgar en el celular.
Hay miles de posibilidades de tener sexo real o virtual en el mercado de la web. Hasta en sitios donde nadie dice o cree que es posible.
Así difuminamos el deseo: es tan amplio el mercado, y nos gustan tantas cosas o personas, que olvidamos el foco. Queremos todas esas cosas, queremos probar a todas esas personas, es todo tan tentador, ¿cierto?
Ése es el problema mismo: las personas que no conocen los límites de sus deseos, fácilmente caen en situaciones de juego que terminan lastimando a quien no tenga las reglas tan claras.
Porque, repito, no nos estamos centrando en algo que valga la pena: Queremos satisfacción inmediata, y no a largo plazo.
Sin embargo, si supiéramos focalizarnos en algo o en alguien, veríamos que es la mejor manera de dirigir el deseo y satisfacerlo hasta sentirnos llenos. Y así no tendremos la necesidad de crear un nuevo deseo que satisfacer, sino de retroalimentar ése que sabemos que nos llena por dentro.
Si no sabemos utilizar la tecnología a nuestro favor, ella nos termina utilizando a nosotros.
Nos olvidamos de prestarle atención al que está al lado, no escuchamos, estamos tratando de absorber tantas cosas al mismo tiempo, que cuesta retener lo importante o recordar lo que hicimos.
Si deseo algo, voy a estar cerca, con o sin la tecnología. Te lo voy a demostrar, con las herramientas que tenga, y no utilizar la herramienta para generar un deseo. ¿Me explico?
No quiero tener el celular prendido, si estoy pasando un buen momento con vos.
No quiero responderle a otra persona, porque si estás a mi lado, elijo darte toda mi atención.
No necesito tener miles de deseos, y aunque sí los tenga, porque es mi naturaleza, elijo disfrutar y satisfacer uno a uno, eligiendo los que me conviene alimentar, y no los que me destruyen.
30 de julio de 2014
"No entendía porqué te apasionan las cosas que te hacen desaparecer."
Me está destrozando la psique.)
Quizás me guste desaparecer a veces. Me gusta el silencio, el vacío que dejo cuando me voy de algún lugar. Incluso cuando me voy de mí misma, cuando me callo.
Necesito diariamente alejarme del entorno, aunque sea una hora, pero es la ausencia de mí misma la que me sana.
A veces lo logro cuando estoy viajando en colectivo, cuando fumo mucha marihuana o segundos antes de dormirme. Nunca sé cuándo me puede pasar, porque es automático. Me quedo callada y ni sé dónde está mi mente. Son silencios tan cómodos que en el instante en que ocurren, no los registro, sino después.
Pero otras veces, me lo pide el cuerpo.
La cabeza se satura tanto, que necesita descansar. Necesita desaparecer.
Y yo necesito armar las piezas como en un Tetris cerebral, constantemente.
Pasa que a veces estas piezas no encajan y una las quiere poner a la fuerza, pero no. Se rompen.
No vale tratar de encajarlas a la fuerza, es en vano: todas tienen ya su lugar determinado y ahí es adonde van a ir a parar. Aunque yo quiera ponerlas donde se me ocurra, ya tienen destinada su ubicación.
¿Pero qué pasa si, con mi insistencia, las piezas pueden modificarse y adaptarse al lugar nuevo, ése donde las quiero ubicar yo? ¿Habrá algo en mí capaz de poder hacer eso? ¿Es modificable lo que ya esté destinado? ¿Tengo que dejar fluir las partecitas, o jugar del todo e intentar acomodarlas a mi vida, así como están?
Quizás las piezas tengan algo que enseñarme en ése exacto lugar, y sea imposible modificar algo.
Peeero...¿Y si lo que tienen que enseñarme, es a darme cuenta que sí puedo modificar lo que desee? ¿Que puedo diferenciar un capricho de lo que realmente necesito, y así mutar las partes a encastrar?
De todos modos, saber lo que necesito y que esté al lado de lo que deseo, es tan lindo como complicado.
En fin, lo único cierto ahora mismo, es que tengo todas las piezas desordenadas sobre la mesa.
Que hay un espacio vacío donde empezar a acomodarlas, y ése espacio es mi vida.
Sin embargo, todavía no puedo empezar a acomodar ninguna, es muy pronto. Y yo soy muy impaciente.
Voy a tener que morderme las ganas un poco más, aprender a esperar y armar un plan.
Si nos organizamos, nos mudamos todos.
28 de julio de 2014
Rollercoaster.
Me emociono, me impulso, me muevo, me incendio, dudo, me acerco, me alejo, insisto, dejo de insistir, me exalto, me asusto. Voy, vengo. Subo, bajo. Así todo el día, todos los días desde hace un tiempo.
Desde acá, miro al pasado y sé que crecí un montón. Sé que tengo muchas cosas más claras. Sé que maduré, o algo por el estilo. Pero tenía las cosas claras, respecto a mí misma. Hoy ya no sé, y es lo que debo trabajar-me.
También sé que, además de venir proceso tras proceso, acabo de dar inicio a uno nuevo.
Necesito armar una lista, un plan, ordenarme o algo por el estilo. Porque venía caminando derecho para adelante, con la misma convicción -pero más dudas- que ahora. Y, sin embargo, se me acaba de desorganizar toda la vida, un poco bastante.
Desde que recuerdo, me gusta viajar. Y es todo un tema. Porque el sentimiento de amor por lo foráneo, creo que nació conmigo, y jamás se me va a ir.
El problema es, cuando realmente te sentís como en tu casa.
A ver, vamos por partes.
Siempre encontrás personas maravillosas cuando viajás.
Siempre caminás sola por la ciudad, y te sentís de cinco años, mirando todo con ojos nuevos.
Siempre es maravilloso cuando ya aprendiste qué colectivo tomar o por dónde llegar a X lugar.
Siempre te gusta el lugar, más de lo que imaginabas.
Siempre.
¿Pero qué pasa cuando querés hacer, de esa cosa foránea, algo real, algo permanente?
El miedo es lo único que no tengo.
Estoy llena de interrogantes, curiosa, impaciente, ansiosa, y volada. No me puedo organizar si sigo con la cabeza en las nubes, sin tener un plan real. NECESITO un plan.
También necesito dejar de preguntarme si, una vez que te sentís como en casa, eso puede aburrirte.
Es decir, me iría de mi ciudad, de mi provincia, de mi país.
Al principio es obvio que va a ser tan fabuloso como difícil. Soy realista.
Pero mi única preocupación es, en realidad, si el lugar nuevo, cuando deje de ser nuevo y de maravillarme, me va a seguir haciendo sentir así de bien.
Y me respondo sola, como siempre.
Porque el lugar no es el lugar sólo. Puede tener maravillosos rincones, arquitectura alucinante, un río limpio y mucho verde. Pero al lugar lo hacen las personas. Y creo que soy muy confiada, porque cuando cuatro personas me dan ganas de mudarme de país, imaginate lo que puedo sentir si sigo conociendo gente así de simple y linda.
No es abandonar lo que tengo acá, porque también es maravilloso. Sé que me va a resultar dificilísimo alejarme de la gente que amo. Pero no siento que eso tampoco me ate.
Sí, tengo ansias por lo nuevo y una vez que se me pase, será lo mismo que es acá.
Pero diferente.
No nací para quedarme quieta, ni para conformarme con lo que me tocó.
A mí me gusta elegir la vida que quiero. Y voy a tener que hacerme cargo de eso.
Y tomar acción, desde ahora.
23 de junio de 2014
21 de junio de 2014
This is 2014.
En el que sabés a ciencia cierta que un cambio radical te abriría la mente, alimentaría tu luna, movería tu cuerpo, ampliaría tus horizontes.
Que ya lo venís planeando en tu mente hace rato.
Que ya averiguaste todos los pasos, para dar el primero.
Que ya estás convencida de lo que querés.
Que estás segura de tu lugar en el mundo.
Que tenés que volar.
Que tenés que empezar a izar las velas. (Recordá no anclar en el primer puerto que aparezca)
Que estás abrazada a lo que querés hacer de tu vida.
Que tenés miedos, porque cuanto más te gusta algo, más te asusta.
Que te mueven los detalles.
Que ya renaciste y ahora tenés que crecer.
Que no es ir y volver. Que implica quedarte, y hacer de lo nuevo, tu presente.
Que querés mover todos los engranajes una vez más, porque te encanta que se te mueva el piso, se te cambie la vida y se te llene de nuevas oportunidades.
Que cuando el piso está firme y estable, recién ahí podés echar raíces.
Que te encanta tu vida ahora, pero sabés que para mañana, estar donde estás, no serviría.
Así que trabajás por un mejor mañana. Para vos.
Ni siquiera pensás en alguien más. No necesitás a nadie más para saber lo que querés.
No pensás en todo lo que vas a extrañar, porque tirarte a un acantilado con las manos vacías, parece ser tu deporte preferido.
Porque sorprenderte te motiva.
Porque tenés fe, y es lo único que basta.
Porque tenés que salir de la zona cómoda.
Porque lo bueno, por ahora, está afuera de casa.
Y que cuando esté adentro, sabrás que hiciste lo correcto.
27 de mayo de 2014
Repaso.
Estudiar no es lo mismo que aprender, por eso el repaso, debe ser hecho en profundidad, no por arriba como si sólo importaran los datos que nos van a tomar, olvidándonos de que si aprendiéramos todo eso, el exámen, además de exitoso, va a enseñarnos algo.
Mi repaso ya está a punto de culminar. Ya casi termino.
Ya abracé y limpié vómitos ajenos. Ya quise algo más serio y no supe decirlo. Ya me fuí en brazos de otro hombre que me ofrecía algo mejor, dejando un corazón roto y sin darle muchas explicaciones. Aprendí a decir las cosas que necesitan mi Alma y mi Yo.
Ya existió un hombre al que volví loco por completo.Ya fuí celosa al extremo e hice malas elecciones, y tomé malísimas decisiones. Ya dejé que alguien me arruinara unas vacaciones. Ya se arrepintió de alejarse de mí y ha repetido por ahí, que si hubiera seguido conmigo, no tendría los problemas de adicciones que tiene hoy. Aprendí que las personas no cambian su esencia, y crecen sólo si quieren crecer.
Ya me dejé pasar por arriba, maltratar verbal y psicológicamente. Ya me creí enamorada de alguien que sólo pretendía ser como un padre dictador. Ya me mintieron, y ya fuí engañada. Aprendí que no todo lo que reluce es oro, y que valgo mucho más que un hombre egoísta y manipulador. Aprendí que nadie se merece mis lágrimas y mucho menos mis súplicas. Aprendí a amarme un poco.
Ya creí en el amor para toda la vida y en las almas gemelas. Ya me hice el mismo tatuaje con alguien. Ya cuidé de alguien a quien no amaba. Ya insistí dos años para repuntar una relación que me hundía en el abismo del aburrimiento y el sosiego. Ya terminé una relación de cuatro años, para darle de comer a mi loba interna y a mis ansias de libertad. Ya destruí un compromiso con otra persona. Ya extrañé más animales que personas. Ya me alejé de personas que sentía como parte de mi familia. Aprendí que con el amor no es suficiente: hay que regarlo. Aprendí que necesito del sexo casi como de mis comidas diarias, y que quiero ser, además de mujer y amiga, la amante de alguien.
Ya me sentí liberada, impulsiva y divertida, y atraje lo mismo que estaba siendo yo en ese momento. Ya estuve en una relación karmática. Ya necesité diversión, y ya la tuve. Ya supe lo que es no ser una prioridad. Ya alguien no supo valorarme. Ya me rompieron el corazón y volvieron a enmendarlo. Ya extrañé y ya me extrañaron. Ya eligieron otras cosas antes que a mí. Ya prefirieron perderme antes que comprometerse, en cualquier sentido, conmigo. Ya decidieron madurar emocionalmente sin mí. Ya me ignoraron los mensajes, ya se asustaron de mis necesidades. Ya tuve sexo del bueno, y hasta por celular. Ya amé profundamente, ya di todo lo que puedo dar (y más) por amor. Ya dí oportunidades, ya me cansé de insistir y de pedir lo que necesito. Ya me cansé de estar en segundo plano. Ya extrañé niños que no son de mi familia. Aprendí a amarme del todo. Aprendí a elegirme antes que elegir al otro. Aprendí que sigo de pie ante cualquier adversidad. Aprendí que mi corazón sólo está conmigo, y nunca se va con alguien más. Aprendí a valorarme por sobretodas las cosas. Aprendí que dos personas que se amaron, pueden hablarse y no guardar rencores. Aprendí a perdonar.
Finalmente, repasando, aprendí que mis inseguridades son mías, aprendí que valgo oro, que soy un diamante que tiene miles de facetas que pulir y hacer brillar.
Aprendí que todos los que "perdí", también me perdieron. Observé que ya dejé el pasado atrás muchas veces.
Y que ya renací otras tantas.
Ya sé lo importante que fui para los otros, aún si no me lo han dicho.
Ya sé, ya sé.
Ya abrí los ojos.
Y ahora sé lo que necesito, y va de la mano con lo que deseo.
Entonces no me queda otra que vibrar en armonía.
27 de abril de 2014
Society.
Nos insta a comprender que, en realidad, no necesitamos nada de lo que tenemos. No necesitamos nada!
Y la ambición por obtener cosas materiales, parece que nos diera seguridad o estabilidad, y no es así.
Todo lo que necesitamos está siempre a nuestro alcance.
Tal como lo plantean la película y el libro basados en la vida y experiencia desapegada de Christopher McCandless, el chico que se fue a rumbear por su país (USA) y por Alaska, muriendo de aparente envenenamiento o inanición, la idea general es que todo está delante de nuestros ojos, y no necesitamos siquiera del dinero para poder vivir centrados y en paz.
Comprender también que no necesitamos ninguna de esas cosas que los medios nos hacen creer que sí, que harán nuestras vidas más felices y fáciles, más llevaderas. Como si la vida no fuera llevadera por sí misma, con todas las maravillas que nos ofrece...
El tema es que la gente se nubla con lo que le "sale mal",- porque no sabe que se lo provoca ella misma-, se obnubila por lo que cree necesitar y así una y otra vez saca tarjetas de crédito, préstamos, electrodomésticos, muebles, etc...sin darse cuenta que lo que están buscando para sentirse mejor se encuentra tan cerca que no lo ven: dentro de ellos mismos.
Ahí tenemos todo lo que necesitamos. Ahí tenemos todas las respuestas.
Plantear una vida lejos de la tecnología, de los medios y de los productos "inserviblemente útiles", no es tan loco como parece.
Yo, como Diseñadora, necesito una computadora para trabajar más y mejor, porque debo adaptarme a los tiempos que corren y, si me quedo atrasada o atascada en el tiempo, no podría trabajar en tiempo y forma. Sin embargo, yo elegí mi carrera.
Ahora, si elijo dedicarme a otras cosas, entre ellas a ser Terapeuta Floral, qué necesito?
Agua, algún alcohol y las esencias. Si no tuviera las esencias, podría aprender a hacerlas.
Si no tuviera ningún alcohol, el efecto sería un poquito menos fuerte, pero efectivo al fin.
Entonces, lo que necesitamos depende de lo que queremos ser/hacer.
Y si tengo que mirar a gran escala, si tengo que elevarme por encima de mi vida y de todo lo material, de lo preconcebido y lo cultural, yo lo que quiero es dar amor.
Porque si me gusta ayudar a la gente, si me gusta enseñarles y ayudarlos a entender que dentro suyo tienen todo lo que necesitan para ser felices, entonces qué más preciso que mis conocimientos y mi amor por mí misma y por mis cohabitantes terrenales?
No necesitamos nada más que el amor.
Es muy triste que haya gente que tiene hambre, porque claro, necesita comida. Y eso pasa porque el que tiene comida de sobra, quiere que le sobre más.
Si esas personas con hambre supieran reconocer las plantas comestibles, la cosa iría por otro camino. (Claro que no sería lo mismo porque estaríamos retrocediendo culturalmente, mientras unos comemos sushi otros comen plantas, y esto no es justo para nadie, pero tampoco es a lo que voy, porque sino me pongo muy nerviosa con el tema de la injusticia social y no es a lo que apunto hoy con esto).
En fin, decía, es muy triste que, además de la gente con hambre de comida, haya gente con hambre de amor. Porque no se dan cuenta que lo tienen dentro suyo y que ni siquiera necesitan que otra persona se "los dé", como si fueran bebés necesitados.
Claro que todos necesitamos recibir amor. Pero si no lo damos, si no nos amamos a nosotros mismos, si no sabemos cómo dar amor... cómo hacemos para saber recibirlo?
13 de abril de 2014
Yo ya soy una naranja entera.
Tengo un título.
Tengo una Maestría (en otra cosa diferente).
Tengo un trabajo.
Llevo adelante tres proyectos independientes (que en breve serán cuatro).
Mantengo una casa. Me mantengo.
Estoy estudiando una nueva carrera.
Estoy enseñando cursos.
Estoy estudiando otros cursos.
Y aún así me queda tiempo para cocinarme, tirarme a leer, ver mis series preferidas, juntarme con amigos, escribir, ir a Yoga, tener hobbies como, por ejemplo, sacar alguna que otra foto, hacerme una pulsera, dibujar un mandala o hacerle decoupáge a una caja; incluso descansar y, hasta hace poco, hasta tiempo para un novio tenía.
Tengo tiempo para estar en silencio, meditar y entrar en contacto con la esencia más profunda que tengo: conmigo misma, con mi propio Yo.
Si tengo que hablar desde mi lugar Universal, yo ya soy consciente de mi paso por el planeta, de qué vine a hacer, de qué tengo que vivir para cumplir mi misión.
De cómo vine a ayudar y de qué procesos tengo que pasar, qué tengo que aprender, qué tengo que enseñar, qué tengo que dar y que, principalmente, tengo que pasar un gran proceso que es el de conocerme a mí misma, reconocerme y hacerme cargo de mi poder. De qué karma debo limpiar. (Obviamente hay miles de cosas que no sé, sino no tendría gracia!)
Y así, sólo así, esperar que el Universo traiga las cosas que corresponden, en esta vida, a mi lado.
Así es que me pregunto, qué es lo que nos lleva ansiar estar con alguien que nos complete, como si no fuéramos un paquete entero ya, con todo lo que cargamos. Cómo es que nos pasamos la vida esperando a que llegue alguien especial, alguien que nos saque del hastío, de lo común, que nos transporte a un cuento de hadas y sea perfecto, si, perfecto como nosotras no somos.
Porque tengo bastantes altibajos, tengo poco filtro para decir las cosas, soy vueltera para algunas otras, a veces soy bastante ciclotímica, soy celosa de todos los que quiero, soy sensible y sentimental, veo mucho a futuro -por eso trato de apreciar las pequeñas cosas de cada día, para anclarme en el presente-, tengo constantes contracturas en el cuello (gracias a mi terquedad) y suelo ser muy exigente, conmigo misma y con los demás.
Tengo defectos, claro, así como tengo virtudes.
No me importa qué puedan pensar los demás de mí, no me importa si les caigo bien o no, o si se consideran aptos para juzgarme o creerse conocedores de mi persona en base a lo que digo acá.
Porque bien puede ser todo mentira, no?
En fin, yo no tengo un vacío. A mí no me hace falta nada externo. No necesito nada ni nadie que me complete, porque yo ya soy una persona entera, íntegra, independiente, fuerte, inteligente y decidida.
Yo no doy pasos para atrás, porque tengo la mira puesta adelante, allá adonde tenga que llegar.
Pero los ojos los tengo acá, en el camino, en el día a día y en cada cosa que me pasa, que me sirve, de la que absorbo y aprendo.
Tengo los ojos dentro mío, porque así lo necesito. Mirándome adentro es la única manera de conocerme, de saber lo que quiero. Y cuando sé lo que quiero, me planto diferente frente a la vida. Vibro de determinada manera, y ya todos sabemos que atraemos lo que vibramos.
Estoy parada desde un nuevo lugar, desde el lugar de mujer madura y no de nena necesitada o carente de afecto. Porque el amor nace desde mí. Si yo no me amo, si no me apruebo, si no me valoro, nunca nadie externo lo hará por mí.
Así que estoy en ese nuevo espacio, donde a veces estuve, pero siempre me corría un poquito: ahora decido quedarme acá.
Amarme del todo, sin limitaciones, antes de poder amar así, también sin limitaciones, a otro.
Necesito darme a mí misma, comprometerme conmigo y con lo que quiero de mi vida.
Me digné, por ejemplo, a ponerme horarios a trabajar por mi cuenta.
A no faltar a yoga, a dedicarme la siesta, a contar sólo conmigo, pero no desde el lugar de víctima, sino desde ése en el que yo sola me basto, soy suficiente.
Tampoco hablo desde el ego, hablo desde la comodidad que siento cuando estoy conmigo misma. Cuando escribo, cuando voy al cine, cuando me cocino. Aprendí a decir ME quiero, antes del TE quiero.
Yo no necesito ningún hombre que venga a salvarme. Ninguno que se crea que tiene que venir a cuidarme o alejarme de algún peligro.
Yo ya conozco bien que el peligro, muchas veces, soy yo misma.
Claramente, en este momento, no deseo ningún hombre haciéndose el canchero cerca mío, por razones obvias: no tengo ganas, y estoy viviendo un cambio, que no sé cuánto va a durar. (o unos cuantos...)
Y como me amo y me respeto, respeto mis procesos.
Tengo en claro que estar con alguien ahora, sólo me haría peor a largo plazo: estaría tapando con otra persona el proceso que no quiero hacer, la realidad, y no es sano, porque prefiero hacer el duelo ahora y cerrar la herida, y no dejarla abierta el resto de mi vida por no haberlo hecho cuando correspondía.
Pero algún día, yo sé que voy a querer compartir mi vida con alguien.
Que voy a querer estar con alguien con quien caminar este camino, alguien que sea mi compañero de viaje y que sepa valorarme como la mujer que soy, como me dijeron hace poco, que sepa ver "el diamante en bruto que soy", y no me creo menos.
Que sepa dar amor sin limitarse, sin miedos.
Que sepa cuidarme, pero no de los males que aquejan al mundo, sino cuidarme de que nada me aleje de él, cuidarme de sus propios fantasmas quizás, como yo debería cuidarlo de los míos.
Alguien que tenga las mismas ganas que yo, de viajar, de vivir, de divertirse conmigo, de formar una familia (mucho más adelante, eh!), de dar y brindar todo este amor inmenso que llevo dentro.
Yo no necesito ninguna media naranja.
Yo necesito, algún día, otra naranja entera como yo, que tenga ganas de rodar para el mismo lado.